Basta una de estas tres señales.
Dolor o calambres musculares mucho mayores de lo esperado; orina oscura, color té o refresco de cola, o que orines mucho menos de lo habitual; o debilidad que te impide terminar lo que antes hacías. Pueden aparecer horas o días después de que el músculo se lesionó, y confundirse con calambres por calor o con deshidratación.









